martes, 10 de agosto de 2010

Momentos fugaces




Miró varias veces hacia la izquierda para asegurarse de que la incorporación que debía realizar fuera lo más segura posible. Eran las tres de la tarde y la carretera que conducía a su pequeño pueblo estaba colmada de tráfico; camiones muy lentos cargados de todo tipo de mercancías, coches de diferentes colores, motos que se colaban entre un vehículo y otro, y ella como eje principal de su propio mundo. Estaba tan concentrada en lo que hacía que por momentos pensó ir sola, nada la entretenía ni le restaba atención. Pensaba únicamente en llegar para disfrutar de unos días de vacaciones, eran las fiestas de su localidad. El reencuentro con familiares y amigos que, desde hace un año no veía, era el principal objetivo de aquella persona que soñaba despierta.

Al volante llevaba su humilde coche, ese que en muchas ocasiones había sido y es objeto de burlas por parte sus compañeros, por tener el color que tiene y por lucir cristales tintados al más puro estilo cani. –No te pega nada ese coche amarillo, podías pintarlo o comprarte otro- le decían más de una vez. No le importaba, sabía que lo hacían sin maldad, y también era consciente de que por ahora no podía tener otro y sólo pedía a su Dios que no le pasara nada y que le durase mucho tiempo. -Lo importante es que me lleva y me trae a mi trabajo- decía una y otra vez cuando cuestionaban el dichoso automóvil.

El calor era sofocante, la calzada serpenteaba arrojando altas temperaturas y la circulación cada vez se ralentizaba más. Era periodo de jornada continua y todas las personas salían a la misma hora de trabajar, parecía el puente una feria gigante donde cada cual era dueño de su propia atracción. El aire acondicionado en lo más frío y en la máxima potencia, música para todos los gustos y cada uno con el suyo propio, y grandes dosis de paciencia para no desesperar en el intento, era la única forma de pasar lo mejor posible aquel interminable atasco que, como si de un ritual se tratase, se repetía cada día y a la misma hora.

De repente, algo sucedió que rompió la monotonía del instante, una mirada se coló en su coche sin pretensiones de decir adiós. Miradas furtivas lanzadas una y otra vez pusieron nervioso aquel corazón que no entendía lo que estaba pasando, pero que latía con más fuerza y a ritmo acelerado.
Seguía conduciendo sin poder evitar devolver las contemplaciones a esa persona que estaba llenado de color aquel asfalto gris de una tarde cualquiera.

Bailes de coches y kilómetros estaban paralizados por un momento fugaz. Carla deseaba que el tiempo cayera en el más profundo letargo y la fantasía tornara hacia la realidad, para comprobar que lo que estaba sintiendo no era el espejismo del cansancio de una dura jornada. Todo su cuerpo temblaba cuando miraba hacia su izquierda y ahí estaban esos ojos aceitunados que, llenos de chispas iluminaban su rostro. La sonrisa no se desdibujaba de su cara, estaba llena de alegría y felicidad, sin saber porque, esa persona que había salido de la nada, despertó en ella una extraña inquietud que desde hacía algún tiempo la tenía perdida por completo.

-¿Quién era aquel extraño que se había instalado de vecino?, ¿de vecino o de admirador?-, se preguntaba sin respuesta una y otra vez, pero con el firme deseo de que no desapareciese de su vista, no podía terminar el trayecto, no quería que todo se esfumase sin saborear cara a cara la intensidad de una pupilas tan brillantes como el mismo sol.
Seguían de frente, como un rebaño de ovejas buscando un sitio a la sombra donde pastar placidamente, por ahora ninguno de los dos había cogido un camino diferente al que llevaban, avanzaban hacia la misma dirección, todo ello sin apartarse la vista, una y otra vez repetían aquellas miradas que hablaban de forma callada para decir mil cosas distintas.

Sin ella quererlo faltaban mil metros para que tomase el desvío de la derecha, en breve se apartaría de aquel sendero que unos minutos le había llevado a la gloria, aunque guardaba la esperanza de que su admirador hiciese lo mismo, pero no fue así, eran direcciones diferentes las que llevaban desde un principio y el destino no quiso que anduviesen más metros juntos.
Puso el intermitente para proceder a la incorporación mientras que él se preparaba para lanzarle un beso profundo alimentado por su corazón. Con fuerza puso la mano en su boca y se despidió con ese beso que le hubiese gustado postrar en sus labios.

Cada día, cuando desanda el camino de vuelta a casa, busca de forma esperanzadora aquellos ojos negros que la colmaron de ilusiones nuevas en momentos fugaces.


Relato presentado en el "II Encuentro Literario Internacional Letras de la Posada" (Montellano)








21 comentarios:

Anónimo dijo...

Temblar de emociones, de miradas, del encanto del encuentro con lo inesperado...es estar vivo.

Me alegro por Carla. Por estar siempre, desde su color amarillo, abierta a la extrañeza.

Escribes desde la emoción. Y eso es bello.

Lola dijo...

Temblar con la vida y saborear cada uno de sus segundos es el principal objetivo de Carla...

Me alegro que te guste mi forma de escribir. Estás en tu casa y puedes volver cuando quieras, aunque sea desde el anonimato ;)

Un abrazo

Anónimo dijo...

Temblar de emociones, de miradas, del encanto del encuentro con lo inesperado...es estar vivo.

Me alegro por Carla. Por estar siempre, desde su color amarillo, abierta a la extrañeza.

Escribes desde la emoción. Y eso es bello.

Siento si te ha molestado el anonimato, pero es que no estoy muy puesta en la tecnología 2.0, más bien en la talla 44.5 tirando para 46. Ja, ja.

Muy bello reitero lo que escribes.
Rosa Valverde.

Lola dijo...

Jajajaja!!! pues no me ha molestado en absoluto, no te preocupes Rosa.

Un besito y vuelve cuando quieras

Natalia Astúa Castillo (Natalia Astuácas) dijo...

Heyyyyyy Lol.
Pues que bien te ha quedado, han dicho mis maestros y maestras que siempre nuestros personajes se acercan a nosotras, que somos nosotras con muchos cambios, pero algo en la escencia es nuestro.
No me has contado cómo salió todo.
Espero "la fofoca" dirían en Brasil.
Un abrazo fuerte.
Luz y magia para vos.
Cuidate.
:)

Coquito dijo...

ah, querida lola, siempre haciendo que el corazon me lata aprisa, bello relato, y asi como Carla, hay muchas personas que anhelamos volver a cruzarnos con aquellas miradas que nos robaron parte del alma, pero nos dejaron el recuerdo de un bello momento , sin importar lo fugaz que fue, ...caminas siempre a mi lado...gracias, gracias

Edurne dijo...

Carla tiene un cohe amarillo con cristales tintados...es vital,alegre con un poso de melancolía,le gusta la aventura y conocer gente pero necesita su espacio,amiga de sus amigos,pasional que nadie le toque a los suyos porque tiene un puntito barriobajero...siente una mirada y le revolotean mariposas en el estómago...Carla me encanta,tiene los sentidos a flor de piel,pues que Carla disfrute y se llene de colores,en algun momento su mar estará tranquilo y en calma y en esa calma sus amig@s estén presentes.

Y los abrazos se convirtieron en besos de caramelo.TE QUIERO

Lola dijo...

Queridad Nat, pues las personas que te están enseñando llevan toda la razón del mundo, los relatos nos salen de dentro y por mucho que quieras desviarlo de tu propio yo, siempre llevan la esencia de quien lo escribe...
Ya te he mandado un correo donde te cuento todo lo acontecido en el II Encuentro Literario ;)

Un beso enorme, cuidate mucho y no olvides la sonrisa en casa...

Lola dijo...

Coquito, tu corazón es grande y hace que yo lo sea también. Mil gracias por estar ahí y por dejar que camine a tu lado...

Los buenos momentos, aunque sean fugaces, merecen la pena, porque al recordarlos siempre te dejarán buen sabor de boca como la AMISTAD que nos une.

Un abrazo grande

Lola dijo...

Jajajaja, Edurne has dado en el clavo...Carla es tal cual la describes, no supe que fueras adivina, jejeje

Eres fantástica, ¿te lo he dicho alguna vez?, pues ya lo sabes...

Un beso, un abrazo y el caramelo me lo quedo yo ;))

P.D. Besos para Josema y Asun, no se te vaya a olvidar, eh???

Anónimo dijo...

Hola dulceolorasal.

He releido la historia de Carla, y hay una cosa que no entiendo.

¿Por qué Carla dice "au revoir" a los ojos aceitunados y se queda solamente con la esperanza de un soñado e ilusionante reencuentro?
R.V.

Lola dijo...

Muy buenos días Rosa,

Nuestra amiga Carla necesita de emociones contínuas para que su corazón no deje de bombear sangre, la espera y la incertidumbre la mantienen viva.
Será paciente y en el momento menos esperado quedará eclipsada por eso ojos negros que un día se clavaron en su interior...

Anónimo dijo...

Ah, vale ahora comprendo a Carla, la antesala de la felicidad....y la paciencia todo lo alcanza...

Gracias por explicarmelo.

Besitos.

RV.

Lola dijo...

Jeje, me alegro de aclarar esa duda y ya sabes, ante cualquier otra, nada más tienes que preguntarme, que yo gustosamente le responderé lo mejor que pueda...jajaja

Un beso grande

Anónimo dijo...

Vale pos otra dudita. Y esta es la última.

Carla por tanto no es de esas personas que cruzan oceános de tiempo, de espacio, de lugares para vivir realmente su felicidad.

Su felicidad está en el océano de sus sueños.

RV.

Lola dijo...

Pues Carla considera que el tiempo es el encargado de poner a todo el mundo en su sitio y mientras eso sucede, y como bien dices, vive los momentos felicices que el océano de sus sueños le regala, sin más.
Su objetivo es saborear todos los buenos momentos y a la hora precisa, huye de ser una eterna esperadora...

Un abrazo

Anónimo dijo...

Pues yo le diria a Carla que arrojara los oceános del tiempo en una botella de naúfragos.

Edurne dijo...

Yo no arrojaría los oceanos de sueños,fluiría por ellos...por cierto no soy adivina,Carla lo dice todo con sus ojos solo hay que mirar adentro...

Besitos(el caramelo ya lo tienes)

Mary dijo...

Carla yo haria ese recorrido una y otra vez para encontrar esos ojitos aceitunados que hicierón latir tu corazón,quien sabe si algun dia te los encuentras en el peaje de tu vida para seguir juntos en la carretera de las nuevas emociones.

llena el deposito y palante¡!

Lola un relato tan real como la vida misma GUAPISIMO¡!

Un besazo:O)

Lola dijo...

Madrina, te echaba de menos :( Pues Carla recorre cada día ese camino, tiene el depósito lleno, las ilusiones renovadas y lo que tenga que ser será...jeje

Gracias por estar siempre cerca de mi.

Un besazo

susi dijo...
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