viernes, 11 de septiembre de 2009

Muda, sorda y ciega

Existen tres figuras en el templo de Tosho-gu en Nikko (Japón), talladas en el siglo XVII, que representan a los tres monos sabios, el que no oye se llama Kikazaru, el que no habla, Iwazaru y el que no ve Mizaru. Representan una máxima budista que dice: “No escuches maldades, no digas maldades y no veas maldades”. Son tres de las reglas de oro a seguir para alcanzar la sabiduría.


Cuando descubrí la imagen me quedé un buen rato pensando, la miraba una y otra vez, y aunque resulta un poco graciosa, me dejó fascinada.
En principio interpreté un poco de desentendimiento, de individualismo, no sé, por unos instantes pensé que ser ciegos ante problemas obvios, sordos ante las lamentaciones de un pueblo y mudos para no corregir graves errores que se cometen, era un acto verdaderamente triste, cobarde, vacío de contenido y falto de humanidad, pero seguidamente cambié de dirección y me incliné por otro pensamiento.


No considero que esas tres figuras asemejen el pasotismo, si no todo lo contrario, reflejan la fórmula mágica para que todas las personas podamos ser mejores y llevar una convivencia más sana, sin envidias ni rumores y sin tantos dolores de cabeza por circunstancias ajenas.


Tenemos que aplicarnos la regla de “no creas todo lo que te dicen, no digas todo lo que sepas, y si no estas seguro menos todavía, y no mires lo que no debas”. Creo que ya está bien de tanta blasfemia y de tanto mal.