martes, 28 de octubre de 2008

Carta al cielo


Querida abuela,

He elegido esa dirección por que las buenas personas no pueden irse a otro sitio. En estos días he recibido el apoyo de muchas personas, que con la mejor intención han querido consolarme con las típicas frases de “ya era mayor”, “no podía sufrir más”, “mejor así”. En cierta medida, no dejo de reconocer que es el ciclo de una vida que llega a su fin, pero que dura es la despedida cuando la persona que emprende el viaje hizo un gran surco en tu corazón.
Fuiste maestra de mi infancia, tuyas fueron las mejores lecciones de educación que hasta ahora he recibido. Me demostrabas cada día que el rencor y la envidia nunca tienen sentido. La humildad y el amor se dejaban ver en cada una de tus acciones, todo te parecía poco para dar. El trabajo como ejemplo de vida y persona en mayúsculas.
Compañera de sueños, compartiste conmigo cada una de mis noches. Me gustaba llegar y verte como dormías o como me regañabas por llegar un poco tarde. La tranquilidad de tenerte a mi lado me hacía tener el mejor descanso.
Me cuidaste con todo el cariño del mundo, protegiendo al máximo cada detalle y entregándomelo todo sin pedir nada a cambio.
Los mejores sabores salieron de tus manos, el mejor cíngulo que el Miércoles Santo lucía en la fila de nazarenos lo hiciste tú, los besos más sinceros fueron los tuyos y la mejor sonrisa la de tus labios.
Atrás quedan ya los buenos y malos momentos que nos tocaron vivir. Fueron muchas las lágrimas las que nos tocó compartir, etapas duras que juntas nos hicieron fuerte. Nuestras manos se unían para darnos ese apoyo que desconsoladamente perdimos cuando tuvimos que despedir a esa gran persona que en estos momentos te acompaña para siempre.
Gracias por dejarme tu nombre que con gran orgullo siempre llevaré, gracias por darme el carácter que me identifica, gracias por educarme con las mejores reglas, gracias por acompañarme cada noche, gracias por cuidarme, gracias por llorar y reír conmigo, gracias por regalarme cada uno de tus días y gracias por hablarme cuando tu vida se apagaba, me diste la oportunidad de escucharte por última vez.
Ahora quedan los recuerdos y la añoranza de tus besos.

Siempre quedará tu esencia. Te quiero.