miércoles, 7 de abril de 2010

…una vuelta detrás de otra



Pasaba una y otra vez por encima de ella, no paraba, hacía tanto tiempo que la conocía que le había cogido cariño, en alguna ocasión que otra, llegó a pensar que era amor lo que sentía, idea que volaba de su mente de forma acelerada cuando la realidad aplastante caía sobre su tiempo.

- Vivimos juntas bajo una misma esfera y ni si quiera te has parado un momento a conversar conmigo -le comentó un día armada de valor-.
- Lo siento, de verdad que lo siento. Mi cometido es dar vueltas, una detrás de otra y en el mismo espacio de tiempo y te aseguro que me gustaría pararme un poco, pero no quiero.
- No entiendo nada, te gustaría parar, pero no quieres, eso me suena a incongruencia, ¿no crees?
- Llámalo como quieras, tengo razones más que suficientes para no parar. Algún día comprenderás el sentido que motivan este ritmo de vida.
- ¿Razones?, pero si te vas a volver loca, ni el pulso de la muñeca va tan deprisa como tú. Si fueses a mi ritmo podríamos compartir una y mil cosas. Cogidas de la mano nos pasearíamos, más relajadamente, delante de nuestro jefe.
- Sabes que eso no es verdad. En el momento que paremos nuestro jefe pasará por encima de nosotras, como pasa por encima de todo el mundo.
- Ya mujer, pero nosotras somos aliadas de él, marcamos el ritmo para que nadie se pierda.
- Llevas razón, pero no somos imprescindibles. Pasará de forma parsimoniosa y nos pondrá a cada uno en nuestro sitio, eso te lo puedo asegurar.
- Tendré que darte la razón, de nosotras depende nuestra existencia, nada ni nadie latirá para que sigamos girando.
- Así es, por lo tanto, si quieres que siga pasando por encima tuya no dejes de seguirme.
- Vale, no dejaré de seguirte, pero dame un sólo motivo que me llene de ilusión.
- El motivo eres tú, siempre tú. Si parase en este preciso instante tus minutos dejarían de correr y las horas caerían muertas.