martes, 23 de noviembre de 2010

Cada una por su lado…


El apeadero de aquella estación se asemejaba al vacío de un jarrón cuando las flores quedan marchitas y hay que quitarlas. El viento barría maltratando los pocos papeles que quedaban y las nubes grises anunciaban agua. Era una tarde del mes de noviembre que se ceñía a sus características al pie de la letra.

Pintoresca escena la que se observaba en la cafetería. Tras un humeante café se escondía aquella palabra que utilizamos como último recurso y justo a su lado se mordía las uñas aquella otra que llevamos a cabo para no desesperarnos.

- ¿Esperas a alguien?- preguntó esta última
- Pues sí, si te soy sincera siempre estoy esperando, nunca ceso mi actividad y soy la última en irme de la mente y del corazón.
- No te entiendo, ¿puedes explicarme eso de “soy la última en irme”?
- Bien, te diré que soy el sentimiento de que las cosas mejoraran o irán mejor cuando van mal. Para otras personas soy una virtud, que junto con la fe y la caridad formamos un trío indisoluble, ¿me entiendes?
- La verdad es que no, pero bueno, me queda claro que no dejas de ser un sentimiento y como tal eres tan abstracta como los sueños…
- ¿Y tú quién eres para decirme eso?- preguntó coloreada de verde
- Yo simplemente soy una actitud, un rasgo de personalidad humana. Me utilizan para soportar contratiempos y dificultades. Por cierto, hay algo que compartimos!!!
- ¿Si?, ¿el qué?
- Pues que también me consideran una virtud. Virtud de quienes saben sufrir y soportar las decepciones y adversidades con fortaleza y sin lamentarse.
- Vaya, no está nada mal, pero ¿realmente consiguen algo con tu presencia?
- Dicen de mí, que las personas que me llevan a cabo esperan con calma a que las cosas sucedan. Escucho casi a diario que hay que dar tiempo a lo que no depende de uno mismo. ¿Y contigo se alcanza algo?
- Como te he dicho antes, solo soy un sentimiento. Ayudo a los mortales a que no caigan en la desesperación. Soy como esa vela que, a duras penas, permanece encendida cuando el aire se emplea con fuerzas. Soy la compañera del amor cuando éste no es correspondido…soy la eterna condena del que me tiene presente todo el día.
- Vaya dos!, mejor que nos separemos y lástima de la persona que tenga que emplearnos a la vez…
- Tú lo has dicho, espero no encontrarme contigo en el mismo vagón. Nadie merece que vayamos juntas en su viaje…

Mientras tanto, los trenes bailaban sobre las vías. Nadie bajaba y nadie subía, paraban sin sentido, pero así estaba establecido, había que parar.

A R.V.


viernes, 5 de noviembre de 2010

Li(fe)berada


Desvelada aquella noche levantose de la cama,

sin zapatos calzados desnudos sus pies quedaban.
Sin destino trazado por el pasillo deambulaba,
y sin horizonte nuevo sus ojos tropezaban.

Perdida en la noche oscura, encontrarse deseaba,
y encendiendo mil luces creyó que lo lograba.
Sentose sin asiento en el escalón que no estaba
sintiendo el frío eterno de la soledad llamada.

Mirose al espejo de la esperanza condenada,
dibujando una sonrisa que sus labios malgastaban.
Lavose la cara sin agua que le aclarara
ese mar de dudas que a su corazón castigaba.

Rompiose las costuras del vestido de su alma
dejándola libre como el sol de la mañana.
Riose de la pena, de la injusticia más amarga
y sintiose que por dentro su mar ondeaba calma.

Bendita la hora de la decisión tomada
Callejones sin salidas convirtiose en lindas plazas.
La fuente de su vida manantial de esperanza,
correteando mariposas de colores dibujadas.

De la mano pasea con su persona encontrada
regalando flores frescas a su vida olvidada.
Sonríe sin pereza porque ésta no colapsa
la felicidad de reconocerse en el agua reflejada.

A  R.V.