jueves, 7 de agosto de 2008

...silencio

Diálogo mudo el que con los ojos se hace cuando dos personas cruzan sus miradas. Pupilas chispeantes perecen mirarse en el penetrante espejo de la confidencialidad.

Se va describiendo un coloquio armonioso, iniciado en las contemplaciones de dos corazones desnudos ante una sociedad sumergida en temas mundanos que carecen de total importancia.

Caricias furtivas lanzadas cálidamente, manos que recorren cada poro de la forma más sensible y delicada.

Numerosas son las sensaciones que recorren los sentidos; palabras sin significado, textos inacabados, voces calladas, promesas continuas, verbos conjugados, caricias infinitas... No hay nada que decir, todo está declarado, es el corazón, una vez más, el que nos ilusiona con su discurso, pregón que poco a poco va exteriorizando a través de la piel.

Con el roce de los cuerpos se va eternizando la conversación más larga sin desgaste de voz. Todo fue pactado, mírame sólo mírame, déjame que toque tu alma, déjame contarte el latido de mi corazón, déjame deslizarme por tu cuerpo y déjame que evaporice el momento.

Callemos!, que todo el exterior se detenga, que los ruidos no sean escuchados, solo prestemos atención a ese silencio que madurará los frutos del alma.

Mientras, la noche hará murmullos de amor bajo el manto infinito de estrellas…