lunes, 28 de julio de 2008

El faro

Dos vueltas rápidas y una lenta, cimientos sólidos y estructura robusta, liderando un puerto salado y señalando la cercanía de tierra.
Estampa que se antojaba eterna para dos personas, que sin prisa, andaban un camino de vuelta hacia la entrega incondicional de sus cuerpos.
Era una noche serena, alentadora, silenciosa... solo la luz brillante y viva del faro rompía la oscuridad del negro manto envolviendo la escena con luces tenues y delicadas, señales que guiaban una senda llena de besos y abrazos.
Sonrisas inocentes , susurros cómplices y dulces miradas, hicieron del camino un rosario de amor. Todo fue tiernamente preparado para llegar al santuario de la pasión, sitio donde dos corazones se entregaban sin condiciones, desnudos y sedientos.