El encuentro
Pasaban las cuatro y media de la tarde, se aproximaba la cita que ansiosa había esperado. Después de toda una semana esperando, Ariel se disponía a emprender ese viaje que tanto le agradaba a su corazón. Cada domingo se convertía en un ritual de nerviosismo y felicidad, que más tarde tendría su recompensa y haría merecedora la espera. Al despuntar la mañana del día festivo parecía que todo era mejor. Los problemas se aplazaban para otra ocasión, la mente se despejaba y los inconvenientes carecían de importancia. Sólo su confidente, persona de total confianza y con gran sentido de la prudencia, sabía hacia donde se dirigía. Y siempre le decía lo mismo, Ariel ten mucho cuidado y saludos de mi parte. Las curvas marcaban el sendero interminable que la conducían al encuentro. Nubes, del más tierno algodón, bajaban desde el cielo infinito para suavizar el asfalto. Conocía a la perfección cada palmo que recorría; señales, árboles, coches y pueblos. No había pérdida, cada domingo por la tarde...

Comentarios
UN BESAZO...
Otro besazo para tí.
lola un beso y un abrazo muy fuerte
la inocencia es así de buena.
Un besazo enorme.
El humor es complicado, la verdad, hay que evitar "picar" a las personas y más sin saber quien eres, nada más.
Un saludo
Cuando tengas un ratito regalame uno.
¿Que te parece el nuevo relato del Maestro?
Un besazo.
Los relatos del Maestro siempre serán grandes como él, es genial.
Un beso grande.
Ja.